Equilibrio vital: Proyecciones

Curiosamente las cualidades que más valoramos en los demás, y buscamos en un compañero, son también las características que ostentan aquellos por los que nos sentimos amenazados. Por ello, las relaciones representan la oportunidad de hacer consciente y llevar a la luz los atributos que reprimimos, rechazamos o no deseamos ver en nosotros y que, añadidos a los componentes de la personalidad, nos tornaran en individuos más completos, mostrándonos, a su vez, el potencial de lo que se puede llegar a ser; de la propia grandeza.

El equilibrio conyugal depende del equilibrio entre las mitades masculina y femenina de la psique individual. Se busca en el otro aquello que no se expresa conscientemente, pero también se tiende a detestar lo que no se puede expresar.

En cada relación, surge la oportunidad de integrar o equilibrar interiormente los dos opuestos aportando un nuevo centro y significado vital a la persona. En la simbología alquímica, esta comunión o boda, es precedida por la oscuridad y muerte antes de obtener la destilación del elixir, pues la oscuridad acompañada es solo igualada por el resplandor del oro que promete.

La proyección es un elaborado disfraz que empleamos para exteriorizar plenamente cuanto nos atormenta y que parezca culpa del otro, sin considerar que dichos efectos son la materialización directa de las propias necesidades y conflictos.

En un primer momento, sabemos mucho de los demás, ya que somos tan sensibles a los signos subliminales que nos proporcionan de mil formas, como lo son los reinos inferiores de la naturaleza a los signos sutiles de su ambiente. Se trata de percepciones intuitivas que no suelen agradar si las necesidades internas contradicen el ideal consciente de cómo debería ser el otro, pues los gustos semejantes generan un atractivo vínculo.

El que una persona resulte ser diferente al cabo del tiempo, no es fruto de la mala suerte o del karma, sino de una elección interna deliberada que se hizo en un principio.

Aunque en una primera instancia resulte difícil comprender cómo un individuo puede escoger a una pareja que le haga daño, le decepcione o limite, no es tan complicado entender que una persona sea su propia enemiga y que unos motivos, inconscientes para ella, la arrastren a esa situación, siendo la elección del compañero un reflejo de esta lucha. No es la personalidad consciente quien se hiere y lastima siendo capaz de destruir física o psíquicamente a la persona, sino las fuerzas del inconsciente. Y casi nadie desea considerar que en su psique existe aquello que tanto rechaza. Tampoco, admitir con facilidad que su juicio pueda ser erróneo o que algunos “defectos” sean constructivos o de utilidad para equilibrar o integrar partes de sí misma.

El denominador común de estas expresiones suele ser evitar la verdad que solo un contacto profundo y verdadero proporciona y desvela a todos los niveles, reemplazándolo por uno meramente físico o emocional que fije aún más la máscara. Es una forma de protegerse frente a los peligros de la dependencia o la vulnerabilidad, pero también de bloquear y frenar la propia expansión y/o evolución aprisionando al individuo en la cárcel de sus proyecciones. Lo cual es idóneo para no establecer un compromiso significativo eludiendo el esfuerzo y la responsabilidad de una unión plenamente consciente de la propia psique, ya que se cuenta con una cabeza de turco a quien culpar.

La aceptación de la responsabilidad que se necesita para comprender, no es del tipo mea culpa, sino un reconocimiento de que la mente humana puede tener más poder sobre las circunstancias externas de lo que normalmente se admite.

 

 

Desde el punto de vista de la personalidad, este mecanismo resulta deprimente, llevando a creer que existe algo en la psique individual (una tara, un castigo divino, una perversión o una incapacidad) que impide ser feliz en la unión. Pero solo lo será si se mira fuera de contexto. Lo que verdaderamente implica es que no es posible ser feliz en una unión a menos que esta se base en valores distintos a los corrientes y superficiales, tales como la apariencia, el estatus, la dependencia emocional y la presión social, ya que estas contienen las semillas del fracaso, pues enfatiza la estructura formal en contra del intercambio interno que simboliza. A la larga, lo que se busca es la integración y la plenitud más que depender de otra persona que sirva de centro a la vida psíquica. La tendencia interna aspira a comprender los niveles más profundos de la unión, el hecho psíquico simbolizado por el matrimonio y la verdadera relación que surge de dos personas que cuentan con sus propios centros y que, por ende, son libres para escoger.

Hasta que esto no se comprende, las situaciones de dolor, limitación, restricción y rechazo son frecuentes, así como una gran cantidad de conversaciones que giran entorno al hecho de dar, pues siempre habrá quien interprete el papel de mártir. No obstante, con frecuencia, se descubre que el individuo que se queja de haber dado mucho o haberse entregado en su totalidad recibiendo poco a cambio o no siendo valorado como creía merecer, en realidad ha dado muy poco sin ninguna condición, ya que tiene tanto miedo a estar solo como a ser herido, así que intenta seguir ambos impulsos estableciendo relaciones en la que no entra en juego su ser interno. Lo común es que se intente compensar en exceso y en lugar de ser la víctima del abandono, se convierta en un cazador por excelencia, independientemente al sexo, dando la impresión de ser una persona dura y curtida. Esta no suele ser la verdadera naturaleza, sino una máscara bastante frecuente, pues en realidad, es mórbidamente sensible bajo su armadura, por lo que la persona intenta estar cubierta más que arriesgarse a experimentar el dolor de un vínculo que pueda acabar en un futuro rechazo. Al sacrificar el amor por la seguridad, que es lo que la persona entiende por obligación, considera que ha hecho una elección ventajosa hasta que se percata del alto precio de su sacrificio, dándose cuenta que no logra liberarse de la situación tomando el cariz de deuda.

Cuando se hace de la pareja algo material, se suele pagar más caro de lo que se pretendía. Esto ocurre cuando se bloquea la inclinación a la verdad y la eliminación de valores ilusorios, pues no se necesita hablar del infierno tras la muerte cuando se ha visto el averno interior de la soledad, que es lo que suele acompañar a esta distorsión.

Si el pasado llama a tu puerta con insistencia, tal vez deberías plantearte qué partes oscuras de tu psique quieren reptar hacia la luz y, aún, se proyectan en esa persona. La interiorización permite desbloquear ese miedo paralizante que aletarga en la zona de confort como estrategia de procastinación. 

Los sucesos y contactos directos con los demás forman parte del proceso de descubrimiento de uno mismo. Y que el compañero se convierta en una fuente de sufrimiento o en una grandiosa oportunidad de crecer juntos, es una elección personal que solo depende del individuo, siempre y cuando este sepa que puede escoger. Si no lo hace, su sufrimiento no será fruto del karma o de la mala suerte, sencillamente, de su ignorancia.

La belleza ordenada de la vida no parece implicar que el sufrimiento accidental y sin sentido forme parte de dicho orden y, cada ser humano, en su foro interno, ansía la verdad, pero el miedo que presenta a esta motivación interna acarrea la catástrofe, puesto que esta implacable búsqueda amenaza a sus más preciadas ilusiones, obviando que es posible hallar un virtuoso punto medio en la frescura que otorga la liberación y el crecimiento, sin caer en la castrante amargura de una penosa realidad o la idealización extrema de la engañosa fantasía.

Cada barrera, cada miedo, cada bloqueo, variará de un individuo a otro, y hasta que no nos atrevamos a transitar la oscuridad de nuestra psique, no podremos tropezar contra el muro, saber dónde se encuentra y derribarlo.

Para SER y SENTIR libremente; de una forma tan auténtica y genuina, tan equilibrada y fluida, tan comprometida y responsable, como profunda y vital.

 

Dácil Rodríguez, autora de ¡Una vida, por favor!

y ¿Dónde está el hombre de mi vida?

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